Las revoluciones de 1830 y 1848
Al igual que
el ludismo el cartismo fue un movimiento propio de la primera etapa del
movimiento obrero. Pero, a diferencia de aquel, tuvo una parte política. El
término procede de la “Carta del Pueblo”, documento enviado al Parlamento
Británico en 1838, en el que se permitiría el sufragio universal para los
hombres y la participación de los obreros en cualquier institución. Los
defensores del cartismo pensaban que cuando los trabajadores alcancen el poder
político, podrían poner las leyes a sus intereses de clase. La duración de este
movimiento abarcó una década, entre 1838 y 1848.
El cartismo
supuso la toma de contacto de la población obreras con la acción política.
Hasta entonces habían concentrado su empeño en la conquista de mejoras de
carácter laboral.
En la
“Carta” demandaban que el pueblo elija a su gobernador, la supresión del
certificado de propiedad como requisito para formar parte del Parlamento,
inmunidad parlamentaria, un sueldo para los diputados, y entre otras cosas
Estas
peticiones poseían un marcado carácter político y eran necesarias -según sus
defensores- para conseguir una profunda transformación social.
El
movimiento fracasó, entre otras causas, por las disensiones internas la
tendencia moderada la representaban Lovett y Owen, inclinados a demandas de
tipo económico y laboral; la más radical la lideraron el irlandés O’Connor y
O’Brien, que incluían el empleo de la huelga general.
La represión
del gobierno británico, que militarizó las zonas en donde la agitación se hizo
más activa, abortó el movimiento. Éste quedó escindido de forma irreversible
hasta su desaparición.
El fracaso de la revolución de 1848 asestó el golpe definitivo a las
aspiraciones cartistas. En adelante la lucha de carácter político sería
abandonada por los obreros ingleses quienes moderaron en gran medida sus
reivindicaciones para concentrarse en la lucha de carácter sindical. La acción
política se circunscribió al continente, de manera más significativa a Francia.
